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Comienza por escuchar a Jesús

Lee Mateo 5,1–12 con calma. El Catecismo presenta las bienaventuranzas como una orientación de la vida cristiana y recomienda preparar la confesión a la luz de la Palabra de Dios. Aquí encontrarás aplicaciones originales; las preguntas no son citas del Evangelio ni un examen publicado por una autoridad eclesiástica.

Piensa en el período desde tu última confesión. Puedes agradecer primero un bien recibido y pedir luz para reconocer lo que necesitas cambiar. Elige este recorrido si te ayuda a mirar tus relaciones y tus intenciones. Para preparar a un niño, busca el examen adecuado a su edad y respeta la privacidad de sus respuestas.

Ocho temas para mirar tus decisiones

El recorrido contiene tres preguntas por tema. Ninguna afirma que hayas cometido lo que menciona. Algunas situaciones no se aplicarán a tu vida; puedes pasarlas.

  • Pobreza de espíritu: recibir ayuda y reconocer el mérito ajeno.
  • Llanto y consuelo: acompañar el dolor sin burlarse ni despreciarlo.
  • Mansedumbre: usar la autoridad sin humillar ni amenazar.
  • Justicia: revisar ventajas injustas y responsabilidades reales.
  • Misericordia: tratar al otro con bondad y mantener límites necesarios.
  • Limpieza de corazón: reconocer las intenciones que elegiste alimentar.
  • Paz: evitar rumores y afrontar conversaciones sinceras.
  • Fidelidad: actuar con honradez aunque cueste aprobación.

Responde a partir de un hecho

Busca una situación concreta, no una impresión general sobre tu carácter. Por ejemplo, recibir una corrección puede producir vergüenza; otra cosa es mentir voluntariamente para desacreditar a quien te corrigió. Recuerda qué hiciste, qué sabías y qué libertad tenías.

La herramienta permite responder, señalar una duda o pasar una pregunta. Revisa los recordatorios antes de llevarlos contigo. Puedes cambiar sus palabras, añadir el contexto necesario o retirar lo que no corresponde. Una respuesta afirmativa no determina por sí sola la gravedad moral del acto.

El sufrimiento no es una acusación

Llorar una pérdida, sentir miedo o experimentar un pensamiento no deseado no equivale a elegir una falta. Tampoco eres responsable del maltrato que otra persona haya cometido contra ti. El Catecismo enseña que distintas circunstancias pueden disminuir la responsabilidad.

La mansedumbre y la paz no exigen tolerar violencia. Pedir protección, poner un límite o denunciar un daño por una vía adecuada puede ser necesario. No utilices la lista para juzgar a otra persona ni para exigirle que enseñe sus respuestas.

Termina con una preparación suficiente

Revisa una vez lo que has escrito y conserva los hechos relevantes. Si una misma acción aparece bajo dos temas, no necesitas duplicarla para que parezca más grave. Puedes llevar una pregunta al sacerdote cuando no entiendas cómo valorar una situación.

El resumen y el PDF sirven como ayuda para recordar. No sustituyen la conversación sacramental. Concluye el examen con un propósito concreto, como devolver algo debido o reparar una mentira. Si la revisión se convierte en comprobación repetitiva, sigue el plan acordado con tu confesor en lugar de sumar nuevas listas.

Preguntas para tu examen

Lee Mateo 5,1–12 y pide luz para reconocer tus decisiones concretas. Estas preguntas originales aplican las ocho bienaventuranzas a la vida adulta; no miden tu santidad ni deciden tu culpa. El dolor, la tentación, los pensamientos involuntarios y el maltrato sufrido no son faltas elegidas. Atiende a tus circunstancias y pregunta al sacerdote cuando tengas dudas.

Humildad y confianza en Dios

Mateo 5,3: la pobreza de espíritu invita a recibir la ayuda de Dios y a reconocer lo que debemos a los demás.

  • ¿He rechazado una corrección verdadera para mantener la apariencia de que nunca me equivoco?
  • ¿Me he atribuido un trabajo o una ayuda que correspondía reconocer a otra persona?
  • ¿He menospreciado a alguien por su pobreza o por necesitar ayuda?
Acompañar a quien sufre

Mateo 5,4: el consuelo se ofrece a quienes lloran. El duelo y la tristeza no son culpas que debas confesar.

  • ¿Me he burlado del dolor de alguien porque su tristeza me incomodaba?
  • ¿He negado un consuelo que podía ofrecer razonablemente solo porque interrumpía mis planes?
  • ¿He tratado como una broma el daño que causé, para no reconocerlo?
Mansedumbre y uso de la autoridad

Mateo 5,5: considera cómo empleas tu fuerza o autoridad. Ser manso no exige permanecer en una situación peligrosa.

  • ¿He usado mi autoridad para callar a alguien que planteaba una preocupación justa?
  • ¿He humillado deliberadamente a alguien que tenía pocas posibilidades de defenderse?
  • ¿He respondido a un desacuerdo con amenazas que elegí hacer?
Desear y buscar la justicia

Mateo 5,6: revisa una obligación concreta que realmente te corresponda, teniendo en cuenta tus posibilidades.

  • ¿He aceptado una ventaja injusta sabiendo que otra persona soportaría el perjuicio?
  • ¿He ocultado información que debía comunicar porque la injusticia me beneficiaba?
  • ¿He justificado la falta de honradez de mi grupo mientras condenaba lo mismo en los demás?
Misericordia con verdad y límites

Mateo 5,7: la misericordia puede convivir con la responsabilidad, la protección y los límites necesarios.

  • ¿He utilizado una falta pasada para seguir humillando a alguien que buscaba repararla sinceramente?
  • ¿He elegido recrearme en el sufrimiento de alguien y animado a otros a burlarse?
  • ¿He negado un gesto seguro y razonable de bondad únicamente para castigar a alguien?
Sinceridad del corazón

Mateo 5,8: mira la intención que elegiste, además de la apariencia. Un pensamiento que aparece sin querer no equivale a consentirlo.

  • ¿He utilizado un gesto aparentemente generoso para controlar a quien lo recibía?
  • ¿He alimentado deliberadamente deseos sexuales que trataban a una persona como un objeto?
  • ¿He dado una explicación falsa de mis actos para ocultar una intención egoísta?
Construir una paz verdadera

Mateo 5,9: buscar la paz incluye decir la verdad y proteger a quien está en peligro.

  • ¿He difundido un rumor con la intención de enfrentar a dos personas?
  • ¿He animado a alguien a vengarse sabiendo que había una respuesta más justa y segura?
  • ¿He evitado una conversación sincera que debía tener para conservar solo la apariencia de paz?
Fidelidad cuando cuesta

Mateo 5,10–12: distingue el miedo que sientes de lo que eliges hacer. Sufrir persecución no es una culpa.

  • ¿He abandonado una responsabilidad honrada solo para conservar la aprobación de un grupo?
  • ¿Me he sumado a burlas contra la fe de alguien para evitar que me relacionaran con esa persona?
  • ¿He mentido sobre alguien que actuaba bien porque su ejemplo cuestionaba mi conducta?
Usar estas preguntas en privado

Preguntas frecuentes

¿Debo confesar que estoy triste?

La tristeza por sí misma no es un pecado. Mira las acciones que elegiste y habla con el sacerdote sobre lo que no tengas claro.

¿Este examen reemplaza los mandamientos?

Es otro modo de organizar la preparación. No necesitas recorrer varias listas para repetir las mismas situaciones.

¿Recibo una puntuación de santidad?

No. Las respuestas generan recordatorios que puedes editar; la herramienta no emite un juicio sobre tu culpa.

Fuentes

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